"EL TAMBOR DE DON TRUENO''

Mª Carmen Aguilar Ramos

Érase una vez un niño que se llamaba Pedrito; tenía un tambor que le habían regalado los reyes. Presumía de él, diciendo que era el mejor del mundo porque sonaba con un "Po-rron-pon-pon- Po-rro- pon –pon" como no había otro igual y su sonido era el más fuerte y más bello.

 

En su clase, los demás niños y niñas tenían otros instrumentos musicales, como una flauta, una pandereta, una armónica, una maracas, unas castañuelas, etc... Pero, cuando se ponían a tocar y a cantar, Pedrito que era muy travieso, aporreaba su tambor y no dejaba oír las canciones que cantaban. Aunque levantaban la voz para apagar el ruido del tambor, éste era más fuerte y no lo conseguían. Pedrito se reía y tocaba más fuerte "Po-rrro-po-pon- Po-rrro-pon-pon". Todos se enfadaban y le tenían mucha rabia, pero no sabían lo que hacer para que Pedrito dejara de aporrear el tambor.

 

Un día, de pronto, el cielo se puso negro, negro, negro y se abrió echando chispas, y se oyó un "RO-PROM-PROMMM-PON" que atronó todo el colegio, dejando sin sonido el tambor de Pedrito. Los niños y niñas de la clase se asustaron mucho porque era un ruido tan enorme que jamás habían oído antes y un: "¿qué ruido es ese?"

 

Pedrito reconoció el sonido: era como el de su tambor, pero mucho más fuerte, tanto que el suyo no se oía y le dio muchísima rabia, tanta cantidad de rabia que comprendió a sus compañeros de clase. Se dio cuenta de que el sonido del tambor de don Trueno era mucho más fuerte que el suyo y que no podría seguir presumiendo, así que pensó que era una tontería aporrear el tambor en vez de hacerlo sonar para que se oyera la belleza de su redoble cuando tocaban una canción.

 

Desde ese día, Pedrito, en lugar de hacer ruido con su tambor, acompaña con "po-pon-pon-pon" las canciones que sus compañeros y compañeras cantan y tocan con sus instrumentos. Cuando llegó Navidad representaron un "Nacimiento Viviente" y cantaron el villancico: "Por el camino que lleva a Belén" que Pedrito acompañó con su tambor y cada vez que iba haciendo "ro-po-pon-pon-pon" se sintió feliz. Jamás había sonado de una manera tan especial su querido tambor. Los papás de los niños y niñas de su clase le felicitaron porque había tocado muy bien el tambor.

 

Los compañeros y compañeras de Pedrito estaban muy contentos y daban las gracias a don Trueno que sin saberlo dio una lección a Pedrito que se ha convertido en mejor tamborilero del colegio.

 

Se puede aprovechar la actividad de música para representar el cuento. Cada niño puede interpretar un personaje y un instrumento, bien con el propio instrumento o emitiendo el sonido que corresponda al instrumento, para discriminar las diferencias de tono, timbre, etc., a la vez, de forma lúdica y divertida apreciar que el trabajo de forma compartida y cooperativa lleva a unos resultados muy positivos.