"UN SUEÑO DE MERENGUE Y CHOCOLATE"

Mª Carmen Aguilar Ramos

"Pepito y Marina eran dos hermanitos muy golosos, les gustaban muchísimo los dulces. Un día, sus papás les llevaron al cine y vieron la película de "Aladino y la lámpara maravillosa". Por la noche cuando se iban a dormir, Pepito le dijo a Marina:

-¡Cómo me gustaría tener una lámpara maravillosa¡

-¿Para qué? -preguntó Marina

-Para convertir toda la comida en dulces: las sopas , las carnes, los pescados, el jamón, el queso, las frutas ... ¡huy, todo, todo, todo en dulce¡ ¡qué bien¡ -decía Pepito.

Cuando Pepito se quedó dormido, el gigante de la lámpara maravillosa apareció en su sueño y le dijo:

-¡Pepito¡ Me has llamado y aquí estoy, tus deseos son órdenes para mí.

Pepito saltó de alegría. El gigante había salido de la lámpara y ahora le podía pedir su gran ilusión de convertirlo todo en dulces.

- ¡Hola¡ qué bien que hayas venido. ¿De verás que harás todo lo que yo quiera? Y me darás todo lo que te pida como a Aladino?

-Así es, pero sólo puedo concederte tres deseos.

 

El niño se quedó pensando. Sí, le pediría que toda la comida se convirtieron en los más variados y sabrosos dulces. Pensado y hecho. Así se lo pidió al gigante de la lámpara.

 

En un momento, toda la comida se convirtió en una innumerable cantidad de platos variadísimos de dulces de nata, fresa, vainilla, chocolate, crema, etc. Un plato de sopa, ¡humm¡ era dulce ¡qué rica¡ Pensó que así se la comería y su mamá no le regañaría. Probó carne, el pescado, los huevos, la verdura frutas. ¡Qué maravilloso era ese gigante! -pensó Pepito.

-¡Yupiiiiiii¡ Conseguí lo que quería, gritaba saltando y brincando por la habitación.

El gigante le dijo:

-Puedes pedirme otras dos cosas.

-¡Ah¡ Convierte todas las cosas en chocolate y merengue.

 

¡Praaaf¡ todo se convirtió en chocolate y merengue, los muebles, los coches, árboles, las flores... todo se veía de color chocolate y blanco de merengue. Pepito no podía resistir tanta alegría, era tan maravilloso ver que todo, todo lo que le rodeaba se había convertido en un mundo de merengue y chocolate. Se sentía tan feliz mientras iba cogiendo una pera de aquí que sabía a vainilla, una cereza de miel, pan de chocolate, un vaso de leche que era merengue.

 

!Ufff¡ estaba lleno no podía comer más. Su barriga estaba gorda y redonda como un balón. No podía seguir dando saltos, así que pensó en sentarse. Cogió una silla y cuál no sería su sorpresa que como era de chocolate, se deshizo y se cayó ¡plafff¡ yendo a parar al suelo que se deshizo porque era de mantequilla. Entonces pensó en acostarse. Como pudo llegó a la cama y ¡plafff¡ se encontró que la cama vino abajo, se deshizo en un mar de merengue. Fue a llamar a sus padres y....

¿Qué había pasado? Se habían convertido en chocolate.

 

Llamó a su hermanita Marina, y vio que era una preciosa muñeca de merengue que no hablaba. Se asomó a la ventana y vio que los árboles eran de chocolate y las hojas de merengue. Los coches, las casas, las tiendas, todas las cosas eran de chocolate. La gente que andaba por las calles se habían convertido en muñecos de chocolate y merengue. Estaba él solo, todo lo que le rodeaba era de dulce, de merengue y chocolate, pero ... ¡oh¡ esto era demasiado.

 

Corrió en busca del gigante de la lámpara. Tenía miedo de que se hubiera Todo era chocolate y merengue como é1 quería, pero la verdad es que no había pensado como podía ser el mundo de merengue y chocolate.

 

Pero el gigante estaba tranquilamente sentado en lo alto de la lámpara maravillosa, era lo único que había quedado igual que antes.

-¡Cómo me alegra verte¡ tenía miedo de que te hubieras ido -le dijo Pepito

-¿No estás contento? Te he concedido todo lo que me has pedido.

-Sí, pero es demasiado... -dijo Pepito con un hilillo de voz.

-Aún te queda otro deseo. ¿Qué quieres?

 

Pepito no estaba tan contento como al principio; que todo fuera de dulce era tan buena idea como él creía, así que pensó que si le quedaba un último deseo lo mejor era que todo volviera a ser como antes y así se lo dijo al gigante de la lámpara. Le dio las gracias por lo que le había dado, pero comprendía que era demasiado.

 

A la mañana siguiente, cuando la mamá de Pepito fue a despertarle para colegio, se agarró muy fuerte a su cuello y le dio un abrazo muy fuerte. ¡Uff¡ menos mal, todo había sido un mal sueño, casi una pesadilla...

 

Cuando a la hora de la comida, su madre le sirvió la sopa, la tomó toda le pareció riquísima; estaba sabrosa, y el pescado tenía un sabor muy especial, así como las patatas fritas. La naranja estaba deliciosa, con su sabor un poco ácido. Su madre le miró sorprendida... Pepito estaba comiendo todo sin rechistar y lo encontraba buenísimo. No podía creerlo. Pepito le sonrió, pero no dijo nada. Su sueño de merengue y chocolate le había dejado harto. Había descubierto que el sabor dulce es delicioso en pequeñas dosis, porque si no harta un montón y que los otros sabores, pensándolo bien están buenos, pero que muy buenos."