"UN TRAJE ESPECIAL A LA MEDIDA"

Mª Carmen Aguilar Ramos

Érase una vez un niño que vivía en un mundo más allá de las estrellas. Un día subió a su cohete espacial, para darse un paseo por el cielo y, de repente, una te tormenta lo envolvió, su nave empezó a hacer mucho ruido, perdió el control y fue a parar a la tierra, a un pueblo blanco y reluciente sobre una montaña, rodeada de pinsapos y castaños.

 

Bajó de su nave... Cuál no fue su sorpresa al comprobar, dando unos pasos sus cortas piernas que el suelo lo atraía y le costaba mucho trabajo andar ... Miró a su alrededor.... ¡Qué paisaje tan maravilloso! Había muchos árboles, plantas, y pequeños animalitos, que él desconocía volando por el aire. Era todo tan nuevo y diferente que decidió pasear por aquel lugar. El suelo era muy duro, le dolían mucho los pies, casi no podía caminar; el aire le abofeteaba la cara ¡yiiff¡ ¡yaaff¡ y en el cuerpo sentía una extraña sensación.

 

Como pudo dio unos pasos, pero se tuvo que sentar sobre un tronco, pero ¡Uf¡ no estaba acostumbrado a semejante asiento tan duro. Se preguntó a qué mundo había ido a parar...

 

A lo lejos, vio un grupo de niños y niñas jugando con unas bolas grandes redondas que se lanzaban unos a otros. ¡Qué juego tan bonito! Él no lo conocía. Qué aspecto el de estos niños tan diferente al suyo y a la gente que conocía en planeta. Pensó: "Verdaderamente son muy raros". Tenían una cabeza redonda con flecos colgando, las piernas largas y delgadas, como palillos y los brazos terminaban en unos palillos más pequeños, que agarraban las cosas, pero lo que más llamaba su atención era su forma de andar y saltar, no parecía que les molestara pisar el suelo.

 

Se acercó a ellos y cuál no fue su sorpresa cuando vio que los niños se quedaron parados, parecían estatuas de piedra, le miraban con unos ojos muy pequeños y abiertos y la boca de par en par dejaba escapar unos sonidos que nunca había oído ... ¡Ahhhh! ¡Ohhhhh!

-Oa ¡o, e ao Aio ¿e oeis aua?- Preguntó con una voz de esas que se oyen en películas.

 

El grupo de niños y niñas no salían de su asombro: Tenían ante sus ojos un extraterrestre, con una cabeza pelada y gris, como una tortuga gigante, pero cuadrada, con unos enormes ojos verdes, que parecían dos ciruelas, dos aceitunas con boquetitos por nariz y la boca era como una fresón.

 

Su cuerpo era una especie de calabaza alargada, los brazos y piernas eran como pepinos cortos, ¡tenía un aspecto de pena! y su traje era la mar de raro, pues no se veía dónde empezaba y dónde acababa parecía que todo él era de goma-espuma. No entendían lo que les preguntaba.

 

Marcio se dio cuenta: "No entendían su idioma". Entonces, manipuló la pulcera con botoncillos de colores y de luces que llevaba en el brazo. Aquel aparato empezó a hacer unos ruidos extraños, "brerrovvirmIkkk... ¡Era un traductor electrónico! y dijo:

- ¡Hola! Me llamo Marcio y no sé dónde estoy ¿me podéis ayudar?

-¿De dónde vienes? -le preguntó Marta que fue la primera de salir del susto.

-De "Mullidolandia". Cogí mi cohete espacial para dar un paseo, pero me envolvió una tormenta y me he perdido, no sé a dónde he ido a parar, me duelen mis pies y todo el cuerpo, vuestro planeta es muy duro. Me cuesta mucho andar y no me puedo sentar, cuando intento coger alguna cosa no puedo agarrarla, necesito vuestra ayuda.

 

Los niños y niñas formaron un corro y se pusieron a pensar qué podían hacer para ayudar a Marcio.

-¡Ya está! -dijo Daniel- le llevaremos al Mago "Arréglalo-todo" él nos dará una solución.

-Pero no puede andar, le hace daño el suelo -dijo María.

-Podemos hacer una camilla y poner hojas para que esté blando -pensó en voz alta Carlitos.

¡Dicho y hecho! Cogieron unas ramas que había en el suelo, las metieron por las mangas del anorak de Pablo y colocaron muchas hojas para que Marcio estuviera sobre algo blando.

-Mira, Marcio, te pondrás sobre esta camilla, está muy blandita y estarás bien. Iremos al Mago que vive en el bosque, él seguro que arregla tu problema porque para eso es el "Mago Arréglalo-todo".

 

Se pusieron en marcha. Marcio estaba contento, la gente de este planeta tenían una aspecto raro, pero era buena. Pensó en sus papás, estarían preocupados, mejor habían salido en su busca. Tenía que arreglar la radio de su nave para hablar con ellos.

 

Llegaron a la cabaña del Mago. ¡Toc! Toc! Toc! llamaron a la puerta y entraron. Al fondo había un abuelito con unas barbas muy largas y blancas que sonreía.

-¡Hola niños! ¿Qué os trae por aquí?

 

Le contaron lo que le pasaba a Marcio. El Mago, se quedó muy pensativo. Pasó la mano sobre su cabeza y después de unos minutos de silencio dijo:

-¡Ah, ya está!. Vuestro amigo necesita un traje especial hecho a la medida que se llama "piel".

 

El Mago leyó su libro mágico y buscó una receta .... Cogió y preparó un potingue, mezclando cosas de unos botes muy grandes de muchos colores y al final le dio un frasquito chico a Marcio y le dijo:

Marcio consiguió arreglar la radio de su nave, habló con sus padres y les contó su aventura. Se quedó en el pueblo una semana y después se fue a su planeta prometiendo volver otro día, con su nuevo traje.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado"

 

 

La actividad se puede desarrollar adaptando la historia a las características del grupo. Las cajas, cartones, madera, troncos, trozos de goma espuma, hojas árboles, etc., son los materiales que los niños trabajarán en esta representación para hacer la nave espacial, el traje de Marcio, etc.., mientras que al ir tocando los distintos materiales pueden nombrar las diferentes texturas, superficies, temperaturas, etc.