FAMILIA Y ESCUELA ANTE UN MUNDO EN CAMBIO
Mª
Carmen Aguilar Ramos
Universidad
de Málaga
Revista Contextos de
Educación. V. Octubre. 2002 pp. 202-215. Universidad de Río Cuarto. Córdoba.
Argentina. ISSN 1514-2655 (Con autorización del editor)
INTRODUCCIÓN
Familia y Escuela son un marco referencial
imprescindible para la incorporación de un nuevo ser humano a la sociedad;
pero, este marco se encuentra a merced de los avatares impuestos por
transformaciones diversas que han de asumir ambas instituciones si quieren
responder a su tarea educativa y socializadora.
Los cambios de la sociedad actual son rápidos y
profundos, los sujetos no están preparados para adaptarse a ellos en los
diversos niveles: biológico, psicológico y social. La complejidad, cada vez mayor,
que la caracteriza, demanda una nueva visión educadora de la familia y la
escuela, lo que exige su compromiso para trabajar unidas en un proyecto común.
El objetivo principal de esta aportación es
crear un espacio de reflexión sobre la necesidad de tomar conciencia de la
importancia de la formación en Educación Familiar para ayudar a:
a.
Los profesionales de la educación y a los padres a mejorar las relaciones
Escuela-Familia como una medida de calidad de la enseñanza y prevención del
fracaso escolar.
b.
Los padres a tomar conciencia de su papel en la educación de sus hijos para
responder a las nuevas necesidades educativas que presentan.
Para ello, se ofrece el análisis de algunos de
los contrastes y cambios fundamentales que se están produciendo y repercuten en
la familia y la escuela, y son necesarios tener en cuenta en las prácticas
educativas. También, se considera que una intervención para la educación del
futuro debe estar enmarcada en un enfoque interactivo, ecológico y comunitario
para responder a las necesidades afectivas, cognitivas y sociales de todos los
implicados.
1. CAMBIOS
FUNDAMENTALES EN LA SOCIEDAD ACTUAL Y SUS REPERCUSIONES.
Los avances
científicos y tecnológicos han supuesto cambios muy rápidos. Se suceden de
forma vertiginosa, no dando lugar a que el hombre pueda interiorizarlos y
adaptarse a las nuevas exigencias que estas transformaciones van imponiendo al
mundo de la cultura, mucho más lento en su evolución.
Estos cambios,
que afectan a la educación familiar, se sitúan en dos planos: interno y externo:
1.
Interno. La familia necesita un marco de referencia para guiar, orientar y
educar a sus hijos, porque sumergida en un mundo cambiante, cuya inestabilidad
e incertidumbre fomenta inseguridad y miedo, se encuentra confundida, las viejas
creencias, los valores vividos, en definitiva, la educación recibida no le
sirve para educar a su generación actual.
2.
Externo. La familia se encuentra en medio de contrastes ante los cuales se
siente sobrepasada y se pregunta cómo responder a las demandas de sus hijos que
están fuera de los esquemas de sus propias experiencias y vivencias.
En este contexto, la familia tradicional aparece desdibujada, ha perdido sus antiguos puntos de sustentación, se han venido abajo
los grandes pilares que sostenían sus creencias y cimentaban los roles atribuidos a los diferentes
miembros de la familia, por ejemplo: el hombre, en la figura del padre, no
representa la autoridad como pilar de fuerza y poder; la mujer, en la figura de
madre, no representa el amor como pilar de sumisión y abnegación y la
sexualidad, no representa lo puro y misterioso como pilar de reproducción… Esta
situación le impide saber plantear pautas educativas que respondan a las necesidades actuales de sus hijos.
En definitiva, la familia se encuentra
buscando nuevos pilares donde asentar una nueva identidad.
Desde otra perspectiva, la escuela, también se
encuentra en una situación similar. Los viejos patrones educativos no le
sirven para educar hoy. A merced de los vientos del autoritarismo de ayer y del
permisivismo actual, a veces, deja
hacer… porque no sabe qué hacer. Encerrada en una burocracia asfixiante, se
le hace difícil vivir el sentido comunitario que, proclaman los documentos que
la rodean y le exigen los nuevos valores democráticos. Siente la presión de las
demandas que van más allá de su tradicional función transmisora de
conocimientos y no se siente preparada para afrontarlas.
¿Qué pueden hacer familia y escuela ante esta
situación?. Sencillamente, aliarse y emprender juntas un camino que les
permita crear una nueva concepción de la educación, desde una perspectiva
comunitaria real dónde el verdadero protagonista sea el niño. Este
objetivo exige la elaboración de un proyecto educativo común entre familia y
escuela.
¿Cómo? Analizando y reflexionando la realidad
sociohistórica en la que están inmersas y tratando de responder al tipo de
educación que quieren dar a las nuevas generaciones y el tipo de hombre que
quieren formar, así como en los medios e instrumentos que han de utilizar para
lograrlo. Este análisis implica tener en cuenta algunos contrastes de la
sociedad actual.
2. CONTRASTES
DE LA SOCIEDAD.
Como decíamos, en el seno de la familia y la
escuela se están produciendo cambios sustanciales relacionados con los papeles
que juegan en la educación, a los que se añaden los grandes contrastes
influidos por las Nuevas Tecnologías de la Comunicación, difíciles de abordar,
que caracterizan esta sociedad y configuran un estilo de vida y valores, como
por ejemplo, los siguientes:
•
El vecino del bloque es un desconocido con el que no se entabla ninguna
comunicación, pero sí se mantienen relaciones con personas y países remotos por
medio del correo electrónico, Internet o videoconferencia.
•
Algunas autonomías territoriales son defendidas a ultranza, y en el ámbito
internacional se buscan estrategias de actuación conjunta y global.
•
Ciertos países desarrollados disponen de una gran tasa de paro, no obstante,
recurren a la mano de obra barata proporcionada por los inmigrantes, pero no les
integran en su cultura.
•
Las pequeñas infracciones son penalizadas y las grandes corrupciones se
justifican.
•
El esfuerzo, la constancia y el trabajo son desvalorizados, mientras que el
éxito fácil es premiado, etc.
El centro de estos contrastes se encuentra en
los medios de comunicación como faro
que alumbran lo cotidiano, eje alrededor
del que gira la vida familiar y escolar y sus acontecimientos. De forma que
los recursos audiovisuales y
tecnológicos: televisión, video-juegos, Internet, etc., están al alcance de
los ciudadanos, y modelan una nueva
forma de concebir el mundo y sus valores. Como señala Savater, F. (1997
:71), “mientras que la función educadora de la autoridad paternal se eclipsa,
la educación televisiva conoce cada vez mayor auge ofreciendo sin esfuerzo ni
discriminación pudorosa el producto ejemplarizante que antes era manufacturado
por la jerárquica artesanía familiar”.
¿Qué conclusiones pueden extraerse de lo
expuesto?. El niño es bombardeado desde diferentes flancos por gran cantidad
de información, a veces, contradictoria que forma una realidad
calidoscópica, de donde surge la necesidad inminente de una educación por
parte de los padres y profesores que le ayuden a discriminar este cúmulo de
información y le orienten y guíen dando coherencia a sus experiencias
cotidianas. ¿Cómo?
Tomando como marco de referencia la inestimable
la aportación del Informe de la Unesco de la Comisión
Internacional sobre la Educación para el S. XXI, presidido por Jacques Delors,
que basa la educación para el futuro en estos cuatro pilares fundamentales: Aprender a conocer, Aprender a ser, Aprender a hacer y
Aprender a vivir en comunidad.
Aprender a conocer: Es necesario poner en contacto a los niños y niñas
con los conocimientos, entretejidos por la historia y la cultura, que se
organizan en contenidos curriculares y se aprenden en la escuela, pero también,
con el mundo que les rodea por medio de sus relaciones con el entorno, la
familia, los iguales y los medios de comunicación, ayudándoles a analizar esta
realidad a través de estrategias de aprendizaje constructivo.
La familia
transmite conocimientos que entran dentro del ámbito de la historia familiar y
le confiere una serie de características diferenciales fruto de las
experiencias de las generaciones anteriores. En este sentido, es importante,
crear en el hogar intercambios y comunicaciones sobre la historia de los
abuelos, tíos abuelos, así como anécdotas y sucesos acaecidos en la biografía
familiar, que permitan al niño tomar
conciencia de su procedencia y conocer su filiación y le ayuden a tomar
conciencia de su identidad personal, familiar y social.
Así, el niño
estructura un tiempo y un espacio tanto en el ámbito personal como histórico,
que le ayudan a tomar conciencia de sí mismo como sujeto individual y social.
La construcción del concepto de sí mismo de un sujeto gira alrededor de estos
dos ejes: tiempo y espacio.
Aprender a ser. Para ello, los niños y niñas han de aprender a ser
desde dos vertientes: 1) social: como miembro de un grupo social, de una
cultura, que podemos relacionar con “aprender a conocer”, y 2) individual: como
ser único y diferente, descubriendo su interioridad, sus posibilidades y
limitaciones, su realidad personal inmersa en una realidad social, en la que
desarrollar su proyecto vital.
Para aprender a
ser él mismo, el niño descubre sus peculiaridades y su ser sí mismo en la
diferenciación con los miembros de su familia. La identidad personal la
adquiere en este doble proceso de descubrimiento de sí mismo y diferenciación
del otro. De ahí la importancia de sus primeros contactos familiares para
potenciar la realidad de su ser individual y personal. El niño aprende a ser sintiéndose querido, valorado, descubriendo que
es digno de ser amado.
Aprender a hacer. El niño aprende a desarrollar habilidades y
destrezas, observando, experimentando y descubriendo todos los objetos que
encuentra a su alrededor. El niño aprende a hacer con sus más próximos, en la
realidad cotidiana del hogar y de la escuela, cuando se le permite manipular,
asociar y establecer relaciones entre diferentes elementos, estamos permitiendo
que aprenda a hacer. La creatividad como capacidad creadora, que permite abrir
hacia nuevas fronteras, se fomenta
estimulando al niño a investigar, descubrir, explorar, experimentar, y en esta
tarea pueden participar familia y escuela, por medio de estrategias innovadoras
de trabajo común.
Aprender a vivir en comunidad. Favorecer una educación para la
vida comunitaria, desde el ámbito familiar, es fundamental para que el niño aprenda a ejercitar la
participación, la cooperación, el diálogo y la toma decisiones consensuadas
y compartir los conocimientos y la vida, de forma que luego sea capaz de
transferir estos aprendizajes a otros contextos sociales.
En nuestra opinión el verdadero reto es educar para: Aprender a ser y aprender a vivir en comunidad. Estos pilares para
que sirvan realmente al diseño de una educación para el futuro han de ser
objetivos educativos de la Familia y la Escuela, plasmados en un proyecto
común, como mencionábamos anteriormente, donde se planteen el tipo de educación
que quieren dar y el tipo de hombre que quieren formar a partir de una toma de
decisiones consensuadas.
¿Cómo es posible alcanzar esta meta?
A través de la participación real y efectiva de la familia en los centros. ¿Qué
exige? Una formación inicial para la participación, desde los planes de estudio
de Formación del Profesorado y de Pedagogos, que incluyan una preparación en
Educación Familiar para dotar al profesor y al pedagogo de instrumentos y
técnicas para concienciar e implicar a las familias en la vida del centro, así
como a los pedagogos de una preparación específica para la formación de padres.
En este sentido, profesores y pedagogos
se convierten en agentes de participación, de cambio y dinamizadores de las
relaciones entre la familia y el centro, que encuentra así su sentido como
comunidad educativa.
3. FAMILIA Y
ESCUELA: EDUCAR PARA VIVIR EN COMUNIDAD
¿Qué significa el término comunidad?. En
palabras de Bárcena, Fernando. (1997 :112), en sentido abstracto, alude a lo
que pertenece a todos los miembros de un grupo o colectividad, va referido a
una comunidad de bienes, de sentimiento y de origen. Puede adquirir múltiples
formas, y referirse a la comunidad familiar, a la escolar, o también a la
económica europea. Es un concepto que, en la actualidad, tiene gran importancia
en el ámbito de la Sociología y de la Filosofía Moral y Política
contemporáneas. Desde el punto de vista sociológico, la comunidad es una forma
peculiar de agrupamiento social, y para Rodríguez Neira, T. (1997 :161), “la
forma más perfecta de la comunidad es la familia”, pero, ¿lo sabe la familia?.
La familia
como primer ámbito educativo
necesita reflexionar sobre sus pautas educativas y tomar conciencia de su papel
en la educación de sus hijos. La complejidad de la realidad
actual se le escapa y esto repercute en la vida del niño, conllevando problemas
escolares y familiares que surgen en la realidad diaria: desinterés, falta de
motivación, dependencia, bajo rendimiento, fracaso escolar, violencia, etc.,
que no se pueden achacar a la sociedad en abstracto, a la familia, a la escuela
o a los alumnos, de manera independiente como “compartimentos estanco”, sino
que la interacción de todos ellos es la que propicia esta situación.
De ahí surge la necesidad de una formación
específica en este nuevo campo de trabajo pedagógico, el familiar, para que
cualquier intervención que se intente llevar a cabo tenga en cuenta la visión
global de su contexto.
El niño comienza su trayectoria educativa en la
familia que la escuela complementa. Por tanto, familia y escuela son dos contextos próximos en la experiencia
diaria de los niños, que exige un esfuerzo común para crear espacios de comunicación y participación de forma que le den coherencia
a esta experiencia cotidiana. La razón de este esfuerzo se justifica en sus
finalidades educativas dirigidas al crecimiento biológico, psicológico, social,
ético y moral del niño, en una palabra, al desarrollo integral de su
personalidad.
De la coordinación
y armonía entre familia y escuela va a depender el desarrollo de personalidades
sanas y equilibradas, cuya conducta influirá en posteriores
interacciones sociales y convivencia en grupo, que crearán un nuevo estilo de
vida.
Es urgente que ambas
instituciones se planteen como objetivo prioritario al niño como verdadero
protagonista de su quehacer educativo
¿Cómo llevarlo a la práctica?
En primer lugar, es necesaria una nueva forma de enfocar la educación en la
familia, que ha de tomar conciencia de la necesidad de su participación en
ámbitos sociales más amplios. Esto exige una formación de padres a través de programas.
En segundo lugar, las propuestas han de ir
enfocadas hacia intervenciones globales en las que se impliquen las instituciones
sociales, escolares y familiares, desde una perspectiva interactiva, ecológica
y comunitaria.
Como señalábamos el verdadero desafío es aprender a ser y aprender a vivir en comunidad,
esto exige hacer posible espacios de comunicación e intercambios que fomenten
la participación y conduzcan a compromisos que enriquezcan la vida personal y
colectiva de los implicados.
La familia
juega un importante papel en este sentido, pero hay que ayudarla a tomar conciencia de ello. Los cambios de la
sociedad actual deben encaminarla hacia una estructura participativa y de
compromiso, de modo que cada uno de sus integrantes desempeñe su función, y
tenga conciencia de su identidad individual como miembro de esa comunidad.
¿Cómo? Dentro un clima de comunicación se establecen pautas para la
distribución y organización de tareas en función de las necesidades y
posibilidades de cada miembro. En este contexto, la comunicación adquiere un valor esencial si desea educar para la
vida comunitaria, y se convierte en la mejor manera de superar dificultades,
conflictos, contrastes y contradicciones de la realidad cotidiana que surgen de
la propia convivencia del hogar, y fuera de él.
La escuela se sitúa en el segundo
espacio, de vital importancia, en la vida de los niños y niñas. Entre sus objetivos
se encuentra: fomentar la participación, cooperación y colaboración
entre los alumnos. En consecuencia, la puesta en práctica de los valores
comunitarios y democráticos que se proponen en la familia y la escuela,
formarían parte de las experiencias y vivencias de los alumnos, desde los dos
ámbitos en los que interactúa cada día, configurando su identidad y el concepto
que de sí mismo van adquiriendo.
En una sociedad como la nuestra, la familia y la
escuela han de tener claros sus papeles y fomentar la vida comunitaria, como
fundamento de toda posterior experiencia social. ¿Cuáles son los ejes que han
de regir sus actuaciones? Siguiendo a Medina Rubio, T (1997): la autoridad basada en el compromiso ético, el
ejemplo como coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace y el amor como el motor que impulsa y
da vida.
La experiencia temprana en la familia de formas
de comunicación basadas en el diálogo y el consenso sustentarán actitudes
democráticas de participación, colaboración y cooperación.
En consecuencia, este aprendizaje será reforzado en la escuela si pone en
práctica actividades en las que los alumnos trabajen en equipo, utilicen la
negociación para resolver sus conflictos y pongan en práctica los valores de la
vida comunitaria, en los que se han iniciado en el hogar.
En definitiva, es esencial que padres y
profesores se pongan de acuerdo sobre cómo hacer efectiva la participación de
la familia en la escuela, para que sus relaciones sean de ayuda mutua y
hacer frente a los desafíos que les presenta este mundo en cambio, lo que va a
repercutir de forma positiva en la educación de los niños y va dar
coherencia a sus experiencias.
4. UNA PROPUESTA DE INTERVENCIÓN PARA LA
PARTICIPACIÓN DE LA FAMILIA EN LA ESCUELA
Del desarrollo de esta exposición surge un
aspecto fundamental, la formación en
Educación Familiar. No se puede hablar de fomentar la participación activa de
la familia en la comunidad escolar, sin una formación del profesorado y los
pedagogos, poniendo a su disposición conocimientos, instrumentos y estrategias
que faciliten su labor.
De ahí que, la propuesta de intervención para
que sea efectiva, haya de abarcar varios niveles: Universidad, Centros de
Formación del Profesorado y Centros Escolares. La incorporación de la
Universidad a esta tarea, al introducir, en los planes de estudio de los
futuros maestros, Programas de Formación para la Participación: Escuela y
Familia, supone una respuesta de implicación y compromiso que muestra su
sensibilidad por una apuesta de educación para el futuro. De hecho, en la
literatura, se recoge que ya se está realizando en algunos países europeos y
americanos. Como indica, Kñallinsky, E. (1999 :142), los objetivos que se
persiguen, al incluir la implicación de los padres como parte de los estudios
de magisterio, son:
•
Desarrollar la sensibilidad en los futuros maestros acerca de los cambios en
las familias.
•
Conocer la importancia de la implicación de los padres.
•
Tener experiencias prácticas de trabajo con éstos
Como
objetivos específicos del programa se plantean:
•
Trabajar con distintos tipos de familias
•
Desarrollar e implementar actividades para comunicarse con las familias
•
Elaborar y poner en práctica un proyecto de lectura en casa
•
Dirigir reuniones de padres
•
Conocer el amplio abanico de actividades que se realizan en las escuelas para
integrar a los padres
La formación del profesorado para la
participación educativa de la familia, así como la de los pedagogos, mejoraría
la tarea educativa que tienen encomendada ambas instituciones. Desde este
enfoque, el rol del profesor es de mediador entre la cultura escolar y
familiar, y se superarían los temores de los docentes a la intromisión de
los padres en sus tareas, como recogen algunos autores, y se interpretaría la
participación en el sentido de colaboración y apoyo mutuo para diseñar de forma
conjunta el proyecto común de educar a los alumnos para ayudarles a crecer y
desarrollar su proyecto vital, introduciendo estrategias para adaptarse a los
retos que se les presentan. Por otra parte, lo padres se sentirían involucrados
en la trayectoria escolar de los hijos de forma efectiva. En esta línea, el
pedagogo también tendría un papel importante en el diseño de programas de
formación en este nuevo campo educativo que surge como demanda social.
La oferta, por parte de los Centros de Formación
del Profesorado, de Cursos en Educación para la Participación de la Familia en
la Escuela, para la formación permanente de los profesores en ejercicio,
ayudaría a mejorar la situación actual.
Por último, desde los propios centros escolares,
es preciso encontrar un sistema que facilite la comunicación entre la escuela y
la familia, basado en los presupuestos que fundamentan el sentido de comunidad,
caracterizado por la participación y el compromiso común hacia una acción
conjunta. La dificultad radica en como llevarla a cabo.
Una vía para superar dicha dificultad es facilitar el encuentro entre padres y
profesores, donde pongan de manifiesto el deseo de buscar formas
innovadoras de fomentar la participación, así como de crear un clima abierto de
comunicación en el que se expresen los problemas, inquietudes, temores, miedos
e inseguridades, y mutuas necesidades de ayuda y colaboración.
En este sentido, un importante objetivo es que
la familia tome conciencia de la necesidad de su participación en ámbitos
sociales más amplios, que influyen en sus prácticas educativas en el hogar.
Para lograrlo, es preciso ayudarla a descubrir la importancia de su
colaboración en la escuela, aceptando que existen objetivos que son comunes y
en los que son necesarios unir los esfuerzos de padres y profesorado para su
consecución.
La implicación
de las familias en la vida del centro, se alcanza aprendiendo a trabajar
juntos en diversas actividades, que en relación con sus respectivas funciones,
los padres y profesores pueden programar, asumiendo que un trabajo en equipo es
un medio eficaz para estimularse y apoyarse mutuamente. Esto conlleva valorar
el enriquecimiento que para el propio desarrollo personal supone la aportación
de las ideas e iniciativas de los demás. La visión de un trabajo en
colaboración mutua, parte de un concepto de cambio y mejora de la realidad, que
puede ser modificada, a través de la acción conjunta de todos los implicados, a
la vez que repercute en una mejora de la calidad de la enseñanza y de la vida
escolar.
Uno de los elementos primordiales para invitar a los padres a la
participación en la vida del centro, es
proporcionarles información. Es reconocido por diferentes autores que los
alumnos que pertenecen a familias de estatus socioeconómicos bajos,
normalmente, no están bien informados de las convocatorias de becas y ayudas a
las que pueden acceder, con lo cual no las solicitan. Por otra parte, debido a
su ambiente, los padres tienen menos expectativas de futuro que los de la clase
media, por lo que no estimulan a estudiar a sus hijos, más aún cuando la
trayectoria escolar está acompañada de suspensos y fracaso escolar, además de
la inferioridad de condiciones en las que se encuentran para estudiar al
carecer de medios y ambientes adecuados.
Indudablemente, el planteamiento de las
desigualdades en educación hay que situarlo en un ámbito social y cultural
amplio, no podemos aventurarnos a decir que las desigualdades de oportunidades
se pueden solucionar sólo desde la escuela, por lo relacionada que está con las
condiciones y estatus sociales; pero sí puede mejorar aspectos y medios
relacionados con la escuela para permitir a los alumnos proseguir sus estudios,
como es implicar a los padres en esta tarea educativa. Comunicarles que algunos
estudios muestran que cuando los padres
participan en todos los aspectos de la vida escolar se incrementan los efectos
positivos sobre el rendimiento de sus hijos puede ayudarles a valorar las
consecuencias de su apoyo en la tarea educadora de la escuela, en la que tienen
una función a desempeñar.
La necesidad de implicar a la familia en la
tarea educativa, no es ninguna novedad. En estas últimas décadas, ha sido
recogida en diversas leyes,
insistiendo en la coordinación de la
familia y de la escuela para diseñar un proyecto educativo común, cuya finalidad es la educación integral de
todos los alumnos. Pero, aunque en todos los centros existen Consejos
Escolares y Asociaciones de Padres, no en todos funcionan de forma dinámica e
impulsora de la participación de los padres, lo que invita reflexionar sobre
medidas innovadoras a utilizar.
¿Qué estrategias se pueden utilizar?
a) Enviar una breve
nota, proponiendo cuestiones de este tipo, para conocer:
•
Temas que les preocupan den la educación de sus hijos
•
Necesidades que sienten ante la educación de sus hijos
•
Dificultades que tienen para educar a sus hijos
•
Día de la semana y horario que les viene mejor para convocar una reunión
Las respuestas facilitarán información desde dos
ángulos: 1) Un primer análisis de la realidad sobre el interés de los padres en
temas, necesidades y dificultades relacionadas con la educación de sus hijos,
que permitirá priorizar objetivos y actividades a plantear. 2) El nivel de
respuesta indicará cómo organizar un encuentro. En la reunión que se convoque
se puede establecer un calendario para responder a las necesidades de las
familias, desde sus necesidades. Este aspecto, es relevante. Generalmente, se
planifican las actividades a partir de lo que el diseñador de las mismas
considera como importante, sin embargo, es aconsejable trabajar desde la
realidad de los padres, de sus conocimientos y teorías implícitas.
b) Grabar algunas
sesiones de clase e invitar a los padres a ver esta grabación
Muchas veces los padres desconocen las conductas
de sus hijos en el colegio, porque éstos se comportan de diferente forma a como
lo hacen en el hogar. De manera, que en ocasiones la comunicación entre el
profesorado y la familia se dificulta. A los padres les resulta difícil creer
la información que le proporciona el tutor.
La invitación para ver el vídeo puede tener dos
funciones: 1) Conocer la conducta de sus hijos trabajando en el aula, puede
facilitarles pistas para reforzar estrategias que faciliten el estudio en el
hogar. 2) Conocer el trabajo del profesor, lo que permitirá valorar su tarea
docente y, por otro lado, el comportamiento de los alumnos. A partir de esta
experiencia, se pueden intercambiar ideas, preocupaciones, problemas, etc., y
comenzar a organizar encuentros para tratar los aquellos temas que les
interesan. Esta experiencia, puesta en práctica por dos profesores de Educación
Infantil, en nuestra provincia, les ha dado muy buenos resultados para implicar
a los padres en la escuela y mejorar sus relaciones.
c) Deberes y
recomendaciones de apoyo al estudio
Establecer un sistema de comunicación: cartas,
tarjetas, etc., semanal, quincenal o mensual con algunas recomendaciones
relacionadas con:
•
Técnicas de estudio y recomendaciones sobre factores ambientales que lo
favorecen
•
Lecturas para reforzar actividades escolares
•
Relación de Videojuegos, programas educativos por ordenador como complemento a
actividades en el aula.
•
Programas de TV. Publicidad, etc.
Estas recomendaciones tienen una doble
finalidad. Por una parte, estimulan las relaciones entre la familia y la
escuela; por otra, invitan a los padres a participar en las actividades
escolares proponiendo que se haga en familia comentarios sobre las historias,
publicidad o tema recomendado para trabajar en el hogar, favoreciendo, así
también, la comunicación entre padres e hijos
d) Otras sugerencias
para fomentar la participación de los padres
Para aumentar dicha implicación se sugieren las
siguientes formas de convocatoria:
• Convocatorias por cartas a través de los
alumnos o delegados de los cursos.
•
Pancartas: Para anunciar alguna actividad, se hacen en paneles de papel que se
colocan en la entrada de la escuela o en los alrededores (deben reservarse para
ocasiones excepcionales).
•
Murales: También se utilizan para anunciar actividades. Se pueden hacer
mediante collages o montajes con fotos, recortes de periódicos, etc.
•
Megafonía: Instalada a la entrada del centro o bien en un coche, con la
información previamente grabada en una cinta
•
Cuñas radiofónicas: Por medio de las radios municipales se puede ofrecer la
información
•
Agendas de los periódicos. Hay periódicos que ofrecen gratuitamente un espacio
en su agenda informativa.
•
Recordatorio: En una cartulina o un papel de 20 x 5 cm. Se recuerda la fecha,
hora y lugar de la actividad
5. CONCLUSIONES
Familia y Escuela tienen funciones sociales
diferentes, pero complementarias. Ante la complejidad del mundo de hoy han de unir sus esfuerzos para lograr
superar las dificultades que se les presentan porque en última instancia su
razón de ser está en función del
protagonismo del niño en su tarea educadora.
Esta época presenta un nivel de exigencias a la educación familiar y escolar que reclama la preparación y formación de un
nuevo estilo educador basado en un aprendizaje para vivir en comunidad, a
la que padres y profesores están llamados a responder con el compromiso de
participar en esta tarea común, cada uno desde su ámbito de conocimiento y
experiencia para atender a las
necesidades afectivas, cognitivas y sociales de los niños y todos los
implicados en la comunidad educativa.
La propuesta que presentamos se fundamenta en
los pilares de la Educación para el futuro: Aprender a conocer, Aprender a ser, Aprender a hacer y
Aprender a vivir en comunidad. Estos pilares han de
fundamentar las relaciones entre la escuela y familia favoreciendo la
comunicación, la participación y la colaboración, para superar los factores
estructurales de la propia escuela, así como las teorías implícitas de padres y
profesores sobre la educación, la enseñanza, la familia, la escuela, el papel
de cada uno en esta tarea, etc.
Es necesario, abrir las ventanas a la historia
de una nueva concepción de la familia y la escuela en su tarea educativa. Ambas
instituciones, requieren una reestructuración estructural y cognitiva, una
modificación y adaptación a un nuevo estilo de educación y una actitud abierta
a la formación de los alumnos orientada a una educación para la vida
comunitaria.
Cuando el niño vive en el hogar los valores
comunitarios de participación y comunicación puede transferirlos a otros
contextos.
Referencias
Aguilar,
Mª Carmen 2001 Concepto de sí mismo.
Familia y Escuela. Ed. Dykinson. Madrid.
Aguilar,
Mª Carmen 2001 Educación Familiar, ¿reto
o necesidad?. Ed. Dykinson. Madrid.
Aguilar,
Mª Carmen 2001 Proyecto Docente. Educación Familiar y su aplicación a la
Educación Infantil. Inédito.
Bárcena, Fernando 1997 Diccionario de
Filosofía de la Educación Hoy. Ed. Dykinson. Madrid.
Delors, J. 1996 La educación encierra un tesoro. Ed. Santillana. Unesco. Madrid.
Kñallinsky, Eva 1999 La participación educativa: Familia y escuela. Ed. Servicio de
Publicaciones de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria. Las Palmas de
Gran Canaria.
Rodríguez, Teófilo 1997 Las comunidades sociales como instituciones
educadoras. En Medina Rogelio, Teófilo Rodríguez y Lorenzo García Teoría de la Educación. Editorial Uned. Madrid.
Savater, Fernando 1997 El valor de educar. Editorial Ariel, S.A. Barcelona.