RESPONSABILIDADES
EDUCATIVAS QUE SE ATRIBUYEN FAMILIA Y ESCUELA EN EL ÁMBITO EDUCATIVO
Ordóñez Sierra, Rosario
Universidad de Sevilla
Resumen
En este artículo destacamos la necesidad educativa
de fomentar la cooperación entre las familias y los centros escolares, al mismo
tiempo que resaltamos los múltiples efectos positivos que conlleva tanto para
los alumnos como para los padres, profesores, el centro escolar y por supuesto
la comunidad en la que éste se asienta. La participación de los padres en la
vida escolar parece tener repercusiones tales como una mayor autoestima de los
niños, un mejor rendimiento escolar, mejores relaciones padres-hijos y
actitudes más positivas de los padres hacia la escuela. Los efectos se
repercuten incluso en los mismos maestros, ya que los padres consideran que los
más competentes son aquellos que trabajan con la familia (Pineault, 2001). Por
lo que hemos consideramos necesario conocer las opiniones de profesores y
padres sobre las funciones educativas que se asignan unos y otros, así como
cuáles consideran que son compartidas. Para ello elaboramos un cuestionario
cerrado y, en uno de los apartados del mismo presentamos una tabla con
diferentes responsabilidades educativas y grado de implicación (de menor a
mayor grado) que se asignaban padres y profesores en cada una de las mismas. La
población empleada para este estudio se demarca en dos grandes grupos: Los profesores que impartían docencia durante el curso 1999-2000 en el
nivel de Educación Primaria, en centros públicos y concertados de Sevilla y,
los padres de alumnos del primer y
último curso de Educación Primaria, matriculados durante el curso académico
1999-2000 en centros públicos y concertados de Sevilla.
Palabras clave: Padres, profesores, colaboración, responsabilidades
educativas.
RESPONSABILIDADES EDUCATIVAS QUE SE ATRIBUYEN
FAMILIA Y ESCUELA EN EL ÁMBITO EDUCATIVO
En la actualidad
múltiples estudios y compilaciones intentan exponer la realidad de las
relaciones existentes entre familia y escuela (Díez, 1982; Villalta, 1989;
Fine, 1989; Fine y Carlson, 1992; Ballesteros Moscosio, 1995; Vila Mendiburu,
1998, etc.); Martínez González (1994, 1995, 1996 y1997). Todos ellos coinciden
en destacar la necesidad educativa de fomentar la cooperación entre las
familias y los centros escolares, al mismo tiempo que resaltan los múltiples
efectos positivos que conlleva tanto para los alumnos como para los padres,
profesores, el centro escolar y por supuesto la comunidad en la que éste se
asienta.
Todos
somos conscientes de que a lo largo de la historia se han sucedido importantes
cambios en nuestra sociedad a nivel político, económico, cultural, ideológico,
etc., sobre todo en los últimos 25
años. Es obvio, que estos cambios no han dejado de un lado a la familia y a la
escuela. Familia y escuela han sufrido modificaciones y transformaciones, por
ejemplo, la familia se ha nuclearizado y urbanizado, ha habido un gran
incremento de familias monoparentales, un gran aumento de mujeres que se ha
incorporado al mundo laboral, la familia ha incrementado el número de horas
dedicado al ocio, está incorporando a sus hijos antes en la escuela, etc. En la
misma línea, Mañani y Sánchez (1997) exponen que la familia ha sido siempre el
primer agente de socialización en la vida del niño. Tradicionalmente esto había
sido así hasta la edad escolar, los 6 años, donde la escuela, como institución,
era la encargada de proporcionar un contexto social más amplio a la vez que
transmitía las pautas culturales propias del entorno social del niño. Pero desde
hace unos pocos años se han producido una serie de fenómenos que han modificado
la acción socializadora: el núcleo familiar cada vez es más reducido, dándose
un menor número de hermanos, abuelos, tíos en el seno familiar; conviven en
espacios urbanos separados del núcleo familiar, ha aumentado considerablemente
el número de familias monoparentales, las edades de inicio de la escolaridad no
obligatoria cada vez se está adelantando más, por razones sociales y
familiares, y progresivamente, se tiene cada vez mayor conciencia de lo que
implica, desde el punto de vista educativo, la existencia de un hijo.
Parece
que estos cambios que se han ido produciendo en la organización familiar,
para algunos traerían consecuencias
negativas sobre la socialización de los niños. Porque por ejemplo, un
porcentaje cada vez mayor de las mujeres casadas trabaja fuera del hogar, lo
que resta tiempo de presencia de los padres en el domicilio y obliga a las
familias a hacer uso de diversos medios para el cuidado de sus hijos, como
guarderías, cuidadores en la casa o parientes. El trabajo de la madre fuera del
hogar afecta a los niños en edad escolar en la medida que es más frecuente que
coman en el colegio, que se vean obligados a seguir actividades extraescolares,
etc. Del mismo modo los lazos con los parientes que no forman parte del núcleo
familiar han tendido a debilitarse, lo que conduce a que la socialización
familiar de los niños sea casi responsabilidad exclusiva de los padres. Otro
cambio estructural significativo es el aumento de las tasas de divorcio en
todos los países occidentales, lo que ha llevado a un notable incremento en el
número de familias monoparentales (Pérez-Díaz, 2001). Pero hemos de tener
presente que aunque todos los cambios que hemos ido mencionando están teniendo
lugar, la familia sigue constituyendo un grupo humano en el que confluyen todo
un conjunto de relaciones, vivencias e interacciones personales de difícil
cuantificación. Y aunque nuestra sociedad, nuestro modelo de vida, ha ido
modificando progresivamente la morfología familiar, bien mediante la
reducción de la convivencia
generacional o a través de la flexibilización de los planteamientos
favoreciendo una coexistencia entre padres e hijos más permisiva y tolerante,
la familia constituye uno de los núcleos sociales donde se ejerce una poderosa
influencia sobre el individuo (Luengo,
2001).
Como
decíamos, a lo largo de la historia se han sucedido importantes cambios en las
relaciones entre familia y escuela. Así, las primeras escuelas mantenían una
estrecha relación con la comunidad. A principios del siglo XX las cosas
empezaron a cambiar, surgiendo un nuevo patrón de relaciones entre familia y
escuela, que comenzaron a distanciarse entre sí. La labor pedagógica se fue
especializando y haciendo cada vez más compleja y los maestros enseñaban
materias y utilizaban métodos alejados de la experiencia de los padres, que
poco tenían que decir acerca de lo que ocurría en el interior de la escuela.
Empezó a considerarse que las responsabilidades de familia y escuela eran
distintas, y se veía con buenos ojos que así fuera. Los padres debían enseñar a
sus hijos buenos modos y la responsabilidad de los maestros era la enseñanza de
la lecto-escritura, cálculo, etc. Así padres y profesores empezaron a perseguir
objetivos independientes e incluso estas relaciones empezaron con frecuencia a
estar caracterizadas por el conflicto. Esta perspectiva ha sido sustituida en
los últimos años por la idea de que escuela y familia tienen influencias
superpuestas y responsabilidades compartidas, por lo que ambas instituciones
deben cooperar en la educación de los niños. Padres y profesores tienen que
redefinir sus relaciones sustituyendo el conflicto por la colaboración (Oliva y
Palacios, 1998).
Todo ello nos hace pensar que las
familias han evolucionado y por tanto tienen otras miras, necesidades,
etc. y, al mismo tiempo, otro tipo de
intereses y relaciones con la escuela. La vida de cada vez mayor número de
niños se desenvuelve desde muy temprana edad en dos mundos, el familiar y el
escolar, que inciden en el desarrollo de la personalidad, actuando
simultáneamente en tiempo y a veces en espacio. Teniendo presente dichas
premisas justificamos la necesidad de establecer un arraigo mayor en las
relaciones familia-escuela.
Pulpillo (1982), establecía que en la relación familia-escuela se estaba produciendo una gran mutación. Si bien es cierto que ésta ha existido siempre, podemos entender que originariamente se limitaba a dejar en manos de las escuelas toda la responsabilidad de la educación de los menores, preocupándose muy poco de cómo era llevada a la práctica. Progresivamente las familias han cambiado de actuación y parecer, ya que no les es tan ajeno la escuela en la que van a escolarizar a sus hijos, así como la instrucción y educación que van a recibir. Llegando incluso a asociarse para formar parte de la vida de los centros, estar informados, exigir, etc. Antes de la LODE los padres sólo accedían a los colegios de forma individualizada y para tratar temas derivados de la educación individual de sus hijos; en cambio, hoy los padres están en los centros en calidad de participantes en la gestión del centro y como representantes elegidos por una colectividad de padres (Pariente, 1989).
Somos conscientes
de que los primeros años de vida, junto a otras instancias socializadoras, la
familia es la principal. Pero si partimos de la idea de que el ambiente
familiar y escolar son los que más influyen en el desarrollo del individuo y su
proceso educativo, es fundamental la colaboración entre todos aquellos que
intervienen en el desarrollo y formación del niño. Entre la escuela y la
familia debe existir una estrecha comunicación para lograr una visión
globalizada y completa del alumno, eliminando en la medida de lo posible
discrepancias y antagonismos a favor de la unificación de criterios de
actuación y apoyo mutuo, ya que por derecho y por deber tienen fuertes
competencias educativas y necesariamente han de estar coordinados, siendo
objeto, meta y responsabilidad de ambas instituciones construir una
intencionalidad educativa común (Martínez y Fuster, 1995; Fuente, 1996). Por
ello, García (1984) considera que si un profesor quiere educar, no tiene más
remedio que contar con los padres y colaborar con ellos, para que los esfuerzos
que él realiza en las horas de clase tengan continuidad en el resto del día; el
hecho de que los padres carezcan de preparación o se dediquen a plantear
banalidades no cambia el punto de partida, como tampoco cambia su enseñanza el
hecho de que los alumnos a principio de curso carecen de preparación. No se
puede olvidar que en el momento en que los profesores piensan que los únicos
que necesitan ser educados en la escuela son los alumnos, y no incluyen a los
padres y a los mismos profesores, en ese mismo momento el centro comienza a
hacer agua.
Según
todo lo expuesto anteriormente, es muy importante que familia y escuela se
relacionen. Veci y Jorganes (1988, p.36), estiman que existen gran diversidad
de motivos que lo justifican, uno de
ellos es el siguiente:
“Los
padres tienen esa sensibilidad innata, necesaria para vivir con niños, para
escuchar la mayor insignificancia, para hablar con ese trato y cariño que
nosotros, los maestros, perdemos a veces, en aras de una excesiva
profesionalización. Por otra parte, el padre
que participa puede cubrir mejor que los que no lo hacen su necesidad y su derecho a ser más
conscientes de su papel de educador, de responsable último del despegue de su hijo. Los maestros seremos
los expertos que les ayuden, pero ellos han de preocuparse de lo que yo,
maestro, haga con su hijo”.
Entendemos que el niño es un ser global, y de la misma
manera percibe y vive la realidad que le rodea. Es necesario que los dos
ambientes básicos para él, casa y escuela guarden una estrecha coordinación; ya
que manteniendo una buena relación con la familia, existe más confianza entre
padres y profesores: se comunican inquietudes, dudas, deseos sobre el
comportamiento y evolución del hijo, y así los docentes conocen mejor a cada
niño y ayudarle (AA.VV., 1993). Por ello desde hace algunos años, acercar las
familias a la escuela es un tema de reflexión, y algunos modelos o teorías
psicológicas o pedagógicas han destacado la importancia de la relación
familia-escuela. Por ejemplo el modelo ecológico propuesto por Bronfenbrenner
(1979) destacaba la importancia que tiene el estudio de los efectos de la
participación simultánea del sujeto en distintos contextos y de la relación
existente entre ellos, ya que además de las influencias que cada uno de estos
microsistemas pueda tener por separado sobre el desarrollo infantil, hay que
prestar atención a cómo pueden afectar a las relaciones que el niño establece
en su hogar, a su comportamiento en la escuela y viceversa, o en qué medida las
actividades realizadas en casa pueden favorecer o entorpecer su desempeño
escolar.
Para que la educación del niño se realice bien, esos
contactos vienen a hacerse necesarios. Familia y colegio son dos mundos que,
desde ángulos distintos, ven a su manera el niño e influyen sobre él; ambos
deben completarse mutuamente, tienen cosas que decirse y, deben estar muy
interesados en hacerlo.
La participación de los padres en la vida escolar parece
tener repercusiones tales como una mayor autoestima de los niños, un mejor
rendimiento escolar, mejores relaciones padres-hijos y actitudes más positivas
de los padres hacia la escuela. Los efectos se repercuten incluso en los mismos
maestros, ya que los padres consideran que los más competentes son aquellos que
trabajan con la familia (Pineault, 2001).
Por todo lo mencionado anteriormente, consideramos necesario conocer
las opiniones de profesores y padres sobre las funciones educativas que se
asignan unos y otros, así como cuáles consideran que son compartidas. Para ello
elaboramos un cuestionario cerrado y, en uno de los apartados del mismo se
presentó una tabla con diferentes responsabilidades educativas y grado de
implicación (de menor a mayor grado) por parte de los padres y profesores en
cada una de las mismas. La población empleada para este estudio se demarca en
dos grandes grupos: Los profesores
que impartían docencia durante el curso
1999-2000 en el nivel de Educación Primaria, en centros públicos y concertados
de Sevilla; incluyendo a los especialistas (educación física, educación musical,
doctrina católica, profesor de apoyo) que intervenían en dicho nivel y, los padres de alumnos del primer y último
curso de Educación Primaria, matriculados durante el curso académico 1999-2000
en centros públicos y concertados de Sevilla.
La muestra total seleccionada está compuesta por 24 centros de Primaria
de la Capital de Sevilla, de los cuales 14 son públicos y 10 son concertados.
Este conjunto de centros ha determinado, en una segunda etapa, la composición
de las muestras de profesores y padres que actuarán como fuente de datos:
a) Profesores:
Forman parte de la muestra todos los profesores que imparten docencia en los
centros seleccionados.
b) Padres: Hemos
constituido la muestra tomando los padres de alumnos de un grupo de primer
curso y otro del último curso de Educación Primaria, seleccionados al azar.
Se involucraron un total de 400 profesores y 1370 padres para ser encuestados, de 24 centros públicos y
concertados distribuidos entre los seis distritos municipales de Sevilla
capital. Nuestro estudio se ha basado en buena medida en un método de
investigación mediante encuesta. Tras
administrar los cuestionarios utilizados, hemos obtenido respuestas de un total
186 profesores y 725 padres, lo que supone un 46,5% de respuesta entre los
profesores y, un 52,92% entre los padres. Consideramos, por tanto, que se trata
de una muestra significativamente representativa. La presentación de los
resultados se hará atendiendo a un tratamiento analítico basado en un estudio
descriptivo de las perspectivas sobre la participación de profesores y padres.
En este apartado, recogemos las opiniones expresadas por los profesores
que fueron invitados a señalar las funciones y responsabilidades que les corresponde
en el ámbito escolar.
El ítem dirigido a profesores solicita a los mismos
que señalen el grado de responsabilidad que en su opinión tienen los profesores
hacia sus alumnos sobre determinados aspectos educativos. Para cada uno de
estos aspectos, se ofrecían cuatro posibles respuestas graduales, que van desde
"ninguna" (valor 1) hasta "mucha responsabilidad" (valor
4).
Destacaremos en primer lugar que los
porcentajes de elección más altos se encuentran en las opciones de respuesta comprendidas en los valores 3 y 4, las
cuales equivalen a "bastante" y "mucha" responsabilidad por
parte del profesorado en el desarrollo y afianzamiento de los diferentes
aspectos educativos.
Estimamos, al igual que López
Linares (1995) que cuanto más participen los miembros de un grupo en la toma de
decisiones, más eficaz será la decisión tomada, y más vinculados a la misma se
sentirán cada uno de ellos. Haciéndose necesario una amplia distribución y
reparto de responsabilidades en la escuela, pues parece lógico que en la
dirección de la escuela participen, de una manera importante, las personas a
las que más directamente va a afectar lo que en ella se haga: los padres y
alumnos.
Consideramos necesario, hacer
constar que para facilitar la presentación de los resultados con la intención
de hacerla más esclarecedora, hemos elaborado cuatro secciones de
responsabilidades que podrían asumir y/o compartir padres y profesores:
a) Transmisión de normas, valores, costumbres, etc.
b) El desarrollo de habilidades sociales de autonomía; en las que se
le enseñarían al niño actividades y estrategias para que aprenda a ser
independiente, valerse por sí mismo; aprenda habilidades relacionadas con el
aseo, comida, vestido; etc. Y habilidades de interacción: expresión de
emociones, autoafirmación, habilidades sociales-verbales.
c) Enseñanza de conocimientos y/o estrategias
educativas.
d) Enseñanza de normas y/o responsabilidades familiares. Aquí se
incluyen conductas muy sencillas como colaborar en casa.
a) Con respecto a la
enseñanza de valores, los profesores comparten mayoritariamente su carga
de responsabilidad en las diferentes opciones de respuesta entre los valores
"bastante" y "mucha":
-
La opción de respuesta elegida
por los profesores dentro de la enseñanza de valores con la media más alta 0=3,63 ha sido rechazar discriminaciones (tanto de raza,
como sexo, estatus social, discapacidad, etc.). Asignando un 32,3% de los
profesores “bastante responsabilidad” a tal respuesta, y un 61,3% de los
docentes le adjudica “mucha responsabilidad”.
-
Seguidamente encontramos que los docentes consideran relevante dentro
de sus responsabilidades, enseñar a sus alumnos a tener respeto hacia los otros (saber escuchar, esperar turnos,
compartir...). Un 31,7% de los docentes estima que poseen “bastante responsabilidad”
y 62,4% “mucha”. La media de tal respuesta igualmente es de 3,63 .
-
Ser solidarios
y comprensivos con los problemas de los demás desde pequeños, es otro valor
que se asignan los docentes con un 36,0% de bastante y un 58,6% de mucha
responsabilidad; (0=3,58).
-
Ser honrados: (Bastante=34,9%, mucha=53,8%; 0=3,53).
-
Aceptar ideas
diferentes o distintas formas de pensar: (Bastante:40,3%,
mucha=51,1%; 0=3,50).
-
Tener cuidado y
respeto por los espacios naturales: (Bastante=43,5%,
mucha=49,5%; 0=3,50).
-
Inculcarles
espíritu crítico: (Bastante=46,8%, mucha=46,8%;
0=3,45).
-
Decir la verdad
aunque les perjudique: (Bastante=39,8%, mucha=49,5%; 0=3,45).
Por lo que podemos establecer que los docentes consideran importante y que también es responsabilidad suya, inculcarles a sus alumnos valores como rechazar discriminaciones, tener respeto hacia los demás, ser solidarios, honrados, etc.
b) En las responsabilidades
que hacen alusión al desarrollo de habilidades sociales de autonomía personal: "aseo,
vestido, cuidado personal, etc., los profesores asignan porcentajes diferentes
en el valor 3 “bastante” y en el 4 "mucha". Podemos observar que los
porcentajes y medias más altas se encuentran dentro del valor 3 "bastante
responsabilidad", pudiéndose establecer así que encomiendan en mayor
medida la responsabilidad de estos valores a la familia, sin dejar de un lado
su parte de responsabilidad:
-
Esforzarse por
conseguir sus propósitos: (Bastante=51,1%, mucha=41,9; 0=3,43).
-
Prestar sus
cosas aunque sean valiosas: (Bastante=46,2%; mucha=32,8%; 0=3,19).
-
Hacer deporte y
ejercicio físico: (Bastante=56,5%, mucha=24,2; 0=3,10).
-
Tener un
aspecto personal cuidado: (Bastante=44,1%; mucha=22,0%, 0=2,95).
c)
Enseñanza de conocimientos y/o estrategias educativas. Tanto padres
como profesores equiparan bastante sus responsabilidades ante las diferentes
opciones de respuestas; aún así si nos detenemos para analizar un poco más los
resultados, podemos ver que los porcentajes más altos los ofrecen los
profesores al declarar que ellos tienen “mucha responsabilidad” (57,0%, 0=3,58) para aficionarlos a
la lectura y enseñarles a estudiar (52,7%, 0=3,55). En cambio asignan
porcentajes más altos dentro del valor 3 “bastante responsabilidad” a
enseñarles a estudiar para ampliar sus conocimientos (47,8%, 0=3,44) y enseñarles a
aprender inglés e informática (38,7%, 0=2,70). Pudiéndose así,
considerar que los docentes estiman que éstas últimas actividades les concierne
en menor medida.
d) Enseñanza de normas y/o
responsabilidades familiares. Los docentes siguen opinando que tienen
parte de responsabilidad en todas las tareas asignadas, aún así los porcentajes
ante estas respuestas son más bajos ante el valor “mucha” y ascienden algo ante
el valor “bastante”, pero todos se mantienen por debajo del 50%.
-
Acostumbrarles
a que acepten las normas de comportamiento establecidas (comidas, higiene, uso
de las cosas): (Bastante=40,3%, mucha=48,9%; 0=3,45).
-
Acostumbrarles
a ser limpios y ordenados: (Bastante=47,3%, mucha=41,4%; 0=3,37).
-
Enseñarles a
participar en la vida familiar, dándoles pequeñas responsabilidades:
(Bastante=45,2%, mucha=24,7%; 0=3,00).
-
Hacer uso
adecuado de la televisión: (Bastante=37,6%, mucha=15,1%; 0=2,69).
En este apartado, incluimos las opiniones de los padres acerca de la
responsabilidad de la familia en determinados aspectos educativos.
Mediante el ítem 40 del cuestionario
dirigido a los padres se presentaron unas declaraciones que hacían referencia a
la educación de sus hijos. Para cada una de ellas pretendíamos que mostraran el
grado de acuerdo o desacuerdo hacia las mismas. Con sus respuestas podemos
comprobar que para aquellas declaraciones que hacen alusión al aprendizaje de
sus hijos, rendimiento académico... los padres muestran un grado de acuerdo o
total acuerdo situado entre un 40% y un 50.
Las afirmaciones que hacen alusión a castigos, normas, falta de
dedicación a sus hijos se enmarcan entre los valores "totalmente en
desacuerdo" y "en desacuerdo". Por ejemplo un 66,5% de los
padres están totalmente en desacuerdo con la creencia de que en su casa no
deben existir normas de conducta, y un 22,5% en desacuerdo con dicha idea (0=1,36).
Es significativo, señalar asimismo, que un 71,7% de los padres piensan
que deben estar dispuestos a escuchar a sus hijos aunque tengan cosas más
importantes que hacer (0=3,71).
A continuación, mostramos los porcentajes, medias y
desviaciones típicas para el grado de responsabilidad otorgado por los padres a
diferentes aspectos educativos. Recordemos que
la presentación de los resultados se hará atendiendo a las cuatro secciones de
responsabilidades que podrían asumir
los padres:
a)
Transmisión de
normas, valores, costumbres, etc.
b)
El desarrollo
de habilidades sociales de autonomía; en las que se le
enseñarían al niño actividades y estrategias para que aprenda a ser
independiente, valerse por sí mismo; aprenda habilidades relacionadas con el
aseo, comida, vestido; etc. Y habilidades de interacción: expresión de
emociones, autoafirmación, habilidades sociales-verbales.
c)
Enseñanza de
conocimientos y/o estrategias educativas.
d)
Enseñanza de
normas y/o responsabilidades familiares. Aquí se incluyen conductas
muy sencillas como colaborar en casa.
a) Con respecto a la enseñanza de valores
los padres otorgan los porcentajes más elevados al valor 4 "mucha
responsabilidad". Aun así hemos de
recordar que dentro de este valor tanto padres como profesores asignan
porcentajes similares a dichas responsabilidades:
-
Ser honrados: (96,7%, 0=3,79).
-
Tener respeto hacia los otros...:
(69,4%, 0=3,68).
-
Ser solidarios
y comprensivos...: (66,5%, 0=3,67).
-
Rechazar
discriminaciones...: (69,4%, 0=3,56).
b) En las responsabilidades
que hacen alusión al desarrollo de habilidades sociales de autonomía personal: "aseo,
vestido, cuidado personal...", los padres se asignan porcentajes más
elevados que los profesores en el valor 4 "mucha responsabilidad". Al
mismo tiempo que podemos establecer que las medias alcanzadas por dichas
respuestas son bastantes altas, muy cercanas al valor máximo 4:
-
Tener un
aspecto personal cuidado: (70,2%, 0=3,70).
-
Esforzarse por
conseguir sus propósitos y adquirir confianza y seguridad en sí mismos: (60,0%, 0=3,60 y 60,7%, 0=3,62 respectivamente)
c) Enseñanza de
conocimientos y/o estrategias educativas. Padres y profesores
equiparan bastante sus responsabilidades ante las diferentes opciones de
respuestas en esta sección. Aún así, si nos detenemos un poco más a analizar
los resultados, podemos ver que los padres, aunque piensan que siguen teniendo
en dichas tareas educativas como en el resto cierta responsabilidad, delegan
este quehacer en cierto modo a favor de los profesores; ya que encontramos
medias y porcentajes más bajos que los asignados por los docentes. Los padres
se asignan mayor responsabilidad al deber enseñarlos a estudiar para ampliar
sus conocimientos y aficionarles a la lectura.
-
Estudiar para
ampliar sus conocimientos: (Bastante=38,6%, mucha=55,3%; 0=3,54).
-
Aficionarles a
la lectura: (Bastante=40,0%, mucha=49,8%;
0=3,45).
-
Enseñarles a
estudiar: (Bastante=45,7%, mucha=42,2%;
0=3,36).
-
Aprender inglés e informática: (Bastante=46,2%, mucha=27,3%; 0=3,06).
d) Enseñanza de normas y/o
responsabilidades familiares: Los padres se
responsabilizan mayoritariamente, con medias y porcentajes bastante altos, de
la enseñanza a sus hijos de conductas, normas y responsabilidades en el seno
familiar...
-
Acostumbrarles
a que acepten las normas de comportamiento establecidas (comidas, higiene, uso
de las cosas): (Bastante=28,1%, mucha=68,7%; 0=3,70).
-
Acostumbrarles
a ser limpios y ordenados: (Bastante=28,7%, mucha=68,1%; 0=3,69).
-
Enseñarles a
participar en la vida familiar, dándoles pequeñas responsabilidades: (Bastante 33,7%, mucha=62,6%; 0=3,62).
-
Hacer uso
adecuado de la televisión: (Bastante=37,2%, mucha=52,0%; 0=3,47).
Por lo que podemos deducir que los padres se responsabilizan en mayor medida del desarrollo de tareas que hacen alusión a la enseñanza de valores, desarrollo de habilidades sociales y responsabilidades en el seno familiar. Por lo que se puede decir que la familia tiene entre otras funciones la de ser un buen instrumento para transmitir tradiciones, costumbres, usos y convicciones de una sociedad (González y González, 1990). En cambio, el profesorado asume su mayor responsabilidad en la enseñanza de conocimientos y estrategias educativas, aunque no elude su parte de responsabilidad en el resto de las tareas. Tschorne opina, que si se parte de la premisa de que en nuestra sociedad la educación familiar y escolar juegan un papel determinante en la adquisición de aprendizajes, comportamientos y conductas del niño, se llega obviamente a la conclusión de que ambos colectivos deberían tener responsabilidades o roles complementarios o al menos conjugables.
CONCLUSIONES:
En este artículo hemos tratado de determinar las
responsabilidades educativas que se asignan profesores y padres.
Destacamos que los profesores no eluden la responsabilidad de enseñar a sus alumnos a rechazar discriminaciones de raza, sexo, estatus social, discapacidad, etc.; al igual que se sienten responsables de la enseñanza a los alumnos del respeto hacia los otros, ser solidarios y comprensivos con los problemas de los demás, aceptar ideas diferentes, inculcarles espíritu crítico, etc. Los padres ante dicha premisa se otorgan los porcentajes más elevados.
Sobre las responsabilidades que hacen alusión al desarrollo de habilidades sociales de autonomía personal referentes al aseo, vestido y cuidado personal, los padres se asignan mayor índice de responsabilidad que los docentes, concluyéndose que aunque una vez más los profesores no eluden su parte de responsabilidad, encomiendan en mayor medida estas tareas a la familia.
El apartado dedicado a la enseñanza de conocimientos y estrategias educativas, padres y profesores se asignan porcentajes similares, aunque los valores de determinadas opciones de respuesta como aficionarles a la lectura o enseñarles a estudiar son más altos los aportados por los docentes. Pudiéndose concluir que los profesores estiman que estas tareas les corresponde en mayor medida a ellos.
Y, en el último apartado propuesto, que hacía alusión a la enseñanza de normas y responsabilidades familiares son los padres quienes se responsabilizan mayoritariamente de las tareas asignadas, como acostumbrarles a ser limpios y ordenados, enseñarles a participar en la vida familiar, dándoles pequeñas responsabilidades, etc.
Podemos concluir:
Que padres y profesores estiman que tienen su parte de responsabilidad en todas las propuestas realizadas, si bien atendemos a los porcentajes y estudios diferenciales encontramos que los padres se decantan mayoritariamente por las que hacen alusión a la enseñanza de valores, habilidades sociales y convivencia en el seno familiar. Y, los profesores, aquellas que hacen referencia a la enseñanza de conocimientos, estrategias educativas y valores.
Las familias están convencidas de que desempeña un rol fundamental en el desarrollo del autoconcepto, las habilidades sociales, el desarrollo moral, la psicomotricidad, la creatividad y determinadas habilidades cognitivas como la resolución de problemas. Pero que, los educadores también juegan un papel importante en estas adquisiciones.
Los educadores, por su parte, piensan que la escuela tendría una mayor responsabilidad en la transmisión de conocimientos más académicos, como cuando se trata de ciencias sociales y naturales, humanidades, lenguaje escrito y matemáticas. La transmisión de estos contenidos precisa de una formación y conocimientos del que no disponen la mayoría de las familias, sobre todo a medida que avanza la escolaridad (Luque, 1995; Oliva y Palacios, 1998). Por otro lado, muchos son los expertos que defienden que la educación en valores y actitudes es, fundamentalmente y naturalmente, función de los progenitores, destacando que si bien la escuela puede participar de forma complementaria, nunca podrá desarrollar esta tarea por sí sola. La familia es, en este aspecto de la formación, un agente esencial e insustituible (Quarti, 1980; Isaacs, 1984; Spock, 1996). Pino Juste y Domínguez Pérez (2001) estiman que los padres ceden cada vez mayores parcelas de responsabilidad a la escuela; pero, aún así la familia siempre se reservó todas aquellas cuestiones relativas a la afectividad, comportamiento, normas básicas de convivencia y transmisión de valores.
El estudio realizado por Palacios y Oliva (1993) en el que también se hace alusión al reparto de responsabilidades, concluyen en términos generales, que las madres tienen una visión más especializada de sus funciones, por ejemplo, otorgan la exclusiva de la responsabilidad a los maestros respecto al logro de los objetivos escolares y de los artísticos, mientras se reconocen más responsable de las responsabilidades relacionadas con la obediencia, el desarrollo personal y autonomía. Por su parte, con excepción de los objetivos escolares, en los que se atribuyen mayor protagonismo en exclusiva, los educadores ponen el acento en todos los casos en la responsabilidad compartida.
BIBLIOGRAFÍA:
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